Transitar los cuarenta

Siempre escuché que los cuarenta eran la mejor edad, los mejores años de la vida. Uno tiene la experiencia de los años mozos, la estabilidad económica y material de cierta antigüedad laboral, tiene resuelta la vida en muchos aspectos fruto del trabajo de los años previos y además tiene aún la vitalidad física y de espíritu para emprender, hacer y experimentar a lo grande si así lo desea.

Estas cosas pueden ser ciertas, pero no lo son menos para los 30 o los 50.  

A ver… ¿Ganas de hacer? ¿Vitalidad? ¿Estabilidad económica? Son todas cosas bastante subjetivas, es decir no son medibles o contrastables con un patrón o modelo. La vitalidad no se reconoce por la cantidad de kilómetros que se puede caminar o la cantidad de fiestas a la que uno asiste o la cantidad de alcohol capaz de ingerir. La estabilidad económica tampoco se garantiza sólo con cierto nivel de ingresos, o antigüedad laboral, o permanencia en un trabajo.

¿Entonces a qué se referían? Trato de dilucidar lo que querían decir aquellos cuarentones que predicaban esta como la mejor edad.

Sin duda que lo decían de un modo genérico. Generalizando luego de analizar muchos casos particulares y abstrayéndose de las peculiaridades, arribando a conceptos  más abstractos y que engloban del modo más general posible la mayor cantidad de casos y circunstancias.

NO. Lamentablemente esto es dicho de la manera más individualista y reduccionista posible. Esto es declarado como verdad indiscutible basándose sólo en un caso: el propio.

Quienes así opinaban, lo decían desde su propia perspectiva, desde su particular caso con sus particulares contexto, actores y circunstancias.

Claro que a los cuarenta, si te desempeñaste más o menos bien en tus trabajos tendrás una cierta estabilidad laboral, por conocer el nicho en que te mueves, lo necesario para progresar o independizarte y la posible evolución de tu área de trabajo.

Por supuesto que tienes vitalidad física y anímica. Si mantuviste tu cuerpo en medianas condiciones de salud, si no sufres o sufriste enfermedades graves o desordenes alimenticios, estás en la cresta de tu desarrollo físico, y a pasitos de comenzar a decaer.

En cuanto a la vitalidad espiritual, creo que responde a un proceso de maduración, de aceptación y a una enorme cuota de realismo y para encarar los devenires de la vida y afrontarlos de la mejor manera.

¿No era cierto lo de los cuarenta, entonces? Creo que sí lo es. Lo vivo así, aunque yo sea una excepción a muchas de las cosas que describen de esta década, creo que es la mejor edad pero por distintas razones.

Entiendo que tiene más que ver con la contemporaneidad: el mundo todo tiene cuarenta. El almacenero, la doctora, el policía, el plomero, la artista, el concejal, la profesora, el periodista, el taxista, la peluquera. Este extraño fenómeno hace que se comparta mucho más que la sola experiencia del momento. Se comparte historia, política, programas televisivos y radiales, nombres de personajes y personas, palabras inventadas y jerga y gestos, códigos de vestimenta y etiqueta, se comparten miedos y esperanzas por haber pertenecido  a la misma época, por haber crecido en el mismo lapso de tiempo.

Creo que ahí radica lo central del tema. Estar entre pares, sentirse en la comodidad de lo conocido, de lo querido y con el mundo ante uno disponible para lo que se desee no puede ocurrir más que en la mejor edad.

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