Vestirse en el supermercado

Si algo caracteriza al mundo moderno es la mezcla,  el eclecticismo. Desde la música y las artes en general,  como viva expresión del espíritu hasta los comercios donde, como dice el tango ves llorar la biblia contra un calefón.

Accesorios de belleza en un quiosco, anteojos en una farmacia, películas en una casa de electrodomésticos, productos de higiene en una tienda de deportes, comida en una juguetería, y por supuesto ropa en un supermercado.

tshirt-2428521_640

Se podrá argumentar cuanto se quiera sobre la asociación de ideas, cuestiones de marketing, pensamiento lateral y muchas cosas más, sin embargo estamos tan habituados a estas mezclas, a estas amalgamas que no nos sorprenden para nada. Casi todo lo contrario, la ausencia de elementos ajenos o productos fuera de rubro es lo que nos llama la atención y produce frases como ¿No hay sábanas en este almacén? ¿Sólo carne vende estas carnicería? ¿Qué clase de quiosco no tiene maquinitas de afeitar? Y así hasta el infinito.

Pero no es sólo la amalgama de productos aparentemente inconexos o la desconfiada proximidad física del jabón blanco y el queso fresco un verdadero problema en sí mismo, sino una solución dado los tiempos sin tiempo que corren, precisamente. La velocidad  y las ocupaciones diarias nos hacen disponer de un reducido tiempo para ciertas actividades que no son tan importantes, como comprar. Y de esta manera aprovechamos que vamos a comprar una pizza para cenar y buscamos una linda prenda que estrenar mañana en el trabajo, o los niños en la visita semestral al dentista.

La calidad es otro tema casi diametralmente opuesto a la cantidad de rubros de un supermercado. Es como si estuvieran  cantidad y calidad en una relación inversamente proporcional. Mientras más oferta de distintos productos haya, menor será la calidad de estos. No es una regla, digo que solo parece ser así.

Volvamos a la ropa. La única vez que verán la prenda que compraron, será antes de lavarla, en esa primera colocación sobre sus cuerpos, porque una vez que ingrese al lavarropas y se seque jamás  y cuando digo jamás, quiero decir JAMÁS, volverá a tener su forma original.

Parece ser que una especie de extraño maleficio aqueja los talleres de confección textil asiáticos y como resultado la tela se estira más de un lado que de otro. Digamos más de atrás que de adelante. Los hilos de los cuellos ceden y los puños se acampanan mientras las mangas mantiene su circunferencia. Los estampados se lavan, desvanecen o peor aún se replican en partes inverosímiles de la prenda. Los géneros tienen coeficientes de estiramiento direccionales, o sea encogen sólo en una dirección, es decir se achican de largo pero se ensanchan o se achican de ancho pero se estiran. En fin, todo el que haya comprado ropa en un súper sabe de lo que hablo.

¿Que es cómodo? Imposible negarlo. ¿Práctico, instantáneo y en un paso? Exactamente como la modernidad lo dicta. ¿Es barato y accesible? Por supuesto que sí. ¿Que el 95% de la veces es una porquería que no podemos ni usarlo de repasador luego tres lavados ?

Tal vez.

Tal vez menos.

Tal vez más.

Que la experiencia de cada quien sea efectiva juez de este porcentaje.

fashion-plates-2825564_640

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s