Ausencia de melanina

Canas pueblan mi cabeza hace más de una década pero ahora tengo mis sienes blancas. Al principio es algo que me molestaba, me hacía sentir extraño y ajeno a mi cuerpo, tal vez algún tipo de dismorfia… No lo sé. Con el tiempo, la resignación aparece con timidez pero implacablemente y uno termina acostumbrándose y enmascarando todo de aceptación. Hasta la semana pasada la vida transcurría así.

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“¿Y si te teñís?”  Fue la pregunta que abrió mi mente y me llevó a considerar asuntos que no habían estado jamás siquiera en la órbita de mi pensamiento. ¿Por qué no utilizar ese recurso que las mujeres utilizan hace años con tan buenos resultados? Las tecnologías de fabricación y los avances en la ciencia, hizo que las tinturas de cabellos hoy sean menos tóxicas, más eficientes, menos dañinas para el cabello y el cuero cabelludo, más sencillas de aplicar, más duraderas, más naturales a la vista, más accesibles al bolsillo.

Sin embargo, el machismo inserto en mi configuración mental, en lo más profundo de mi hipotálamo, me llevaba a negar la chance de hacer algo solo por coquetería, para verme mejor.  Porque en el fondo, la única razón era esa: verme mejor según mis estándares personales. Acercarme al arquetipo de mi mismo que habita en mi mente. Las razones utilizadas en esta lucha entre ser y ser y parecer, en mi pensamiento eran de lo más variadas, inconexas e ilógicas. “Las mujeres lo hacen y vos no sos mujer”, ”el mundo es otro, no existe tal diferencia”; “ si esta disponible hay que usarlo”,; “voy a parecer ridículo” ; “la gente ni lo va a notar”; “ se van a dar cuenta “; “te vas a ver lindo y te vas a sentir bien”; “no tengo que demostrarle nada a nadie, soy como soy”; “mi afuera se ve mas viejo que mi joven interior”; “el almanaque no miente”.  Horas y horas así.

Hasta la tarde que entré en la farmacia, miré cajas, recordé colores, comparé mentalmente y luego de mirar casi de reojo las instrucciones, pagué y me llevé una caja de color castaño oscuro apretada contra mi pecho palpitante.

Hoy ostento quince años menos, me peino y el espejo me vuelve al pasado y como desde otra dimensión yo con veinticinco años me miro y me asombro por mis logros y mi vida actual. Y de que me tiña el cabello.

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