Defenderse en la cocina sin terminar en el horno

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Cocinar para la familia implica una gran responsabilidad y creatividad. No sólo se necesita nutrir los cuerpos con todos los grupos alimenticios, sino que además debemos respetar las cantidades, los sabores y los gustos personales de cada quien, sin olvidarnos de la presentación misma. Después de todo la comida entra por los ojos.

Nunca aprendí a cocinar, siempre herví agua para salchichas y preparé arroz, pero cuando comencé a tomar las riendas de la cocina en los almuerzos, me encontré con que necesitaba ayuda o nadie almorzaría más en casa.

Las primeras armas las hice repitiendo, por imitación de lo que recordaba de mi infancia, tal vez mi adolescencia. Luego y notando los baches de la memoria, comencé a preguntar a la gente cercana y de confianza. Así fui “robando” recetas, que jamás quedarán como las originales pero al menos distraen de las salchichas con arroz.

No voy a mentir y reconoceré que YouTube  me acompañó y aún lo hace, en este camino culinario. De igual modo algunos blogs, algunas páginas de marcas y ,por supuesto, Google, estuvieron y están siempre ahí para socorrerme cuando mis ideas vuelan o me asaltan las dudas técnicas.

 

Nutrir el cuerpo o disfrutar la comida: alimento o trámite

A veces me encuentro en esa encrucijada de no saber qué cocinar. Muchas cosas entran en consideración. Lo nutritivo, lo sabroso, la repetición, la presentación, el tiempo de ejecución, la disponibilidad de materias primas, los antojos…

Comer no solo es nutrir el cuerpo. Esto lo aprendí con dolor al llevar de vuelta a la cocina los platos llenos porque no les gustó algo. Comer es una experiencia que va más allá de la simple ingesta de nutrientes. Y a mi siempre me había parecido solo un trámite que cumplimentar, una mera cuestión burocrática de mi cuerpo. Ahora entiendo que si fuera así no habría instituciones dedicadas a perpetuar los secretos de la cocina, ni comercios cuya única actividad  consista en cocinar y alimentar a la gente.

 

¿Sobre gustos no hay nada escrito?

¡Enorme mentira! Cientos de páginas hay escritas acerca de los gustos y preferencias de la gente, las diferencias de paladares y sabores típicos de acuerdo a las regiones, etnias, costumbres, sobre combinaciones probadas con éxito o con resultados desastrosos. Si se busca en la red, hay de lo que pidas. Así que sobre gustos hay de todo escrito e Internet es un cartel infinito de sabores en una heladería imposible de imaginar.

Por lo general, lo que hago es comenzar buscando qué tengo para cocinar para tener una idea de las maneras de hacerlo. La foto que acompaña al texto nunca determina la aceptación ni el rechazo de una receta, pero ayuda a decidir. Lo segundo que miro es la lista de ingredientes, porque cuando comienzan a pedir “un cuerno de unicornio”, o “un pedacito de cabello de foca que cualquiera puede tener en algún rincón de su alacena” cierro página y pasamos a lo que sigue.

Los ingredientes son importantes a la hora de decidirme por una comida u otra, no solo por la disponibilidad, si no por la aceptación de mi familia, no olvidemos que mis hijos no tienen paladar de chef sino de niños.

 

Cuando el reloj no espera

Los tiempos de elaboración a veces son muy breves y otras imposibles. Tengo un lapso limitado para preparar, que almuercen y vayan a la escuela  y la receta me pide que “coloque el horno en mínimo por al menos hora y media” o que “deje macerando toda la noche ” ”¡NEXT!”

Asumo la responsabilidad de no planificar tal vez como un profesional de la cocina, pero no lo soy. Me encuentro ante estas situaciones y debo resolverlas como si fuera un chef internacional  pero a penas soy un hombre. Tiempos largos en la cocina, no. Practicidad, sencillez y brevedad son las tres cosas que busco en una receta. No puedo demorar en preparar una comida cinco veces el tiempo que me lleva comerla.

Intento no caer en la trampa de las comidas instantáneas o tipo de astronauta. Esas comidas de “hidratar y microondas”, justamente porque simulan ser de astronauta y no lo son. Sabores artificiales y nutrientes muy alejados de los necesarios para llenar el tanque de combustible de nuestro cuerpo. Aunque hay reconocer que más de una vez me han salvado cumpliendo su promesa de instantaneidad y poniendo comida en la mesa en diez minutos.

 

Técnicas y Tácticas

Nunca hay que menospreciar el trabajo artesanal y manual, ni el oficio aprendido a través de la observación, repetición y práctica, muchísima práctica. Las técnicas de ejecución de ciertas comidas o simplemente cortar una cebolla, requieren bastante tiempo de práctica para adquirirse. No es algo de solo observar y repetir. Horas de dedicación, dedos pinchados y cortados, quemaduras de aceite y preparaciones enteras en la basura son necesarios para aprender y poder ejecutar con cierta soltura estas técnicas. Lejos estamos de dominarlas, solo espiamos por sobre la medianera de la cocina como arte.

Cierto es que hoy existen infinidad de maquinarias y herramientas que facilitan ciertos trabajos y ciertas preparaciones. Desde batidoras eléctricas, hasta ralladores especiales que cortan rodajas perfectas y finas o tiras espiraladas y parejas. Mi esposa es una apasionada de estos artilugios culinarios de modo que nuestra cocina está llena de “ayuditas”.

Otras ayuditas son mis propios hijos. Desde rebozar milanesas hasta batir alguna preparación, pasando por medir y pesar cantidades de ingredientes, mis hijos me ayudan con gran gusto muchas veces. Otras están  obligados y no tienen opción a negarse, como a poner y levantar la mesa, o acomodar la cocina luego de comer. Siempre tratamos de que el trabajo, los quehaceres sean equitativos y alternados para que no recaigan siempre en la misma persona.

Pero sin duda la mayor ayuda siempre es mi esposa. Ella es capaz de cocinar lo que sea con nada. O mejor aun inventar una cena sabrosa con las cosas que tenemos en casa. Una habilidad más que le admiro:  el poder de resolución espontánea. Esa imaginación instantánea que yo quisiera tener al menos para escribir, a ella le fluye naturalmente.

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