Música ambiental

La hora pico, el principio de mes, el fin de semana de recién cobrado, son momentos en los que los salones rebosan de gente y el ruido de la multitud silencia cualquier otro sonido. Sin embargo, temprano en la mañana, después del día veinte de cada mes, o tal vez entre semana, los hipermercados no presentan la superpoblación antes mencionada.

Entonces es cuando se puede caminar y oír el chirrido de las ruedas del carrito de compra.

Entonces es cuando oímos el arrastrar de pies de los pocos compradores presentes.

Entonces es cuando la música de fondo pasa a primer plano.

Puede parecer menor pero podría ser el principio de una serie de cambios que enajenaran al mundo como lo conocemos. Como si ese cambio en la situación externa modificara la naturaleza de la música y dejara de ser algo para ser otra cosa. La entidad que la caracterizaba se diluye en el silencio y cobra un protagonismo que se instala en los silbidos despreocupados y los tarareos marcando el compás con la cabeza de los compradores que aún no se percatan del cambio que se ha producido. La costumbre los lleva como autómatas y no son conscientes de la modificación de la realidad en la que están inmersos.

Sería posible que una pequeñez acaso tan sutil estuviera anunciando un nuevo paradigma. Que la música ambiente sea protagónica es una profundo giro ontológico, tal vez tanto como los hipermercados vacíos. Acaso son lugares fuera de esta dimensión o pertenecientes a un cosmos paralelo al que se accede solo los miércoles a las nueve de la mañana.

Me pregunto de cúantos portales interdimensionales ignoraré su existencia.

super

 

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