Dormir ahora o a la hora de dormir

Hay veces que la libertad o el deseo de ésta resulta en un desorden. Aplaudo las iniciativas para ampliar derechos y garantías, pujando por más libertades individuales y colectivas, pero la hora de dormir es la hora de dormir.

En casa siempre ha sido complejo el tema y no lograría explicarlo en profundidad en algunas palabras, sin embargo permítaseme decir que tenemos fluctuaciones horarias y dificultades para subsanarlas.

Me encantaría poder irme a la cama a las diez de la noche, luego de cenar y bañarme, para ver una película. Pero mis obsesiones son un impedimento para hacerlo. Primero debo cerciorarme que la cocina esté limpia y acomodada, igual que el resto de las dependencias comunes de la casa como comedor, baño, pasillos; que la ropa para usar el día siguiente esté  escogida, lista y planchada, tanto mía como del resto de la familia; objetos que voy a usar en la mañana deben estar listos y a la mano o al menos en su lugar habitual, como ser el mate, termo, yerbero y azucarera debidamente completos, pantuflas o zapatos o zapatillas limpios y con talco desodorante etc, etc, etc… La lista es finita pero muy larga. Por supuesto que puede haber variaciones, como cosas que a veces se hacen y otras no. Ciertas acciones se completan compulsivamente y solo pensar en su olvido puede desencadenar una fobia, mientras que con otras soy más flexible y me permito una especie de soltura o liviandad al respecto. De cualquier manera, estas actividades demandan tiempo y esfuerzo, que mi familia siempre agradece aunque no sea en palabras cuando van a vestirse y su ropa y abrigos están donde deben o sus zapatos están limpios. La contracara es que suelo ser el último en acostarse, allá como a la una de la mañana. Feliz por saber satisfechas mis obsesiones, me acuesto y me duermo, a veces con cinco minutos de televisión o de celular en mi haber.

Pero la familia tiene horarios que escapan a nuestra decisión. Uno podría comer cuando tienen hambre o beber solo cuando tiene sed o ir al baño cuando siente ganas. Esos si son horarios intrínsecos, propios y que se puede decidir aceptarlos o cambiarlos. Pero la entrada a la escuela, al trabajo, las clases de gimnasia e inglés, la apertura y cierre de almacenes y supermercados, la salida y puesta del sol, están fuera de nuestro poder de decisión. No dependen de mí ni de ninguno de los miembros de mi familia el establecimiento o cambio de estos horarios pero debemos atenernos a ellos y acomodar nuestras actividades cotidianas.

La hora de dormir presenta esa ambigüedad, ese doble juego que no es del todo evidente. Podemos dormir o no cuando tenemos sueño, pero no podemos dormir cuando no tenemos sueño. Y aún más, el horario de trabajo-escuela-actividad recreativa-oficina pública o privada-comercio de cualquier índole, será el mismo independientemente de la hora en que nos dormimos. Esto es lo que me impulsa en mi deseo de fijar un límite horario, una rutina nocturna que tienda a ordenar, emparejar y brindar a mi y mi familia la estructura sobre la que se basa el cosmos: el almanaque y la agenda universal.

Mis hijos y esposa son más libres en éste y en otros tantos aspectos de la vida. Carecen de las férreas estructuras que me aprisionan y torturan y su espontaneidad los hace dignos de mi observación y admiración. Incluso podría a decir objeto de estudio, pero sin la rigurosidad del método científico es solo contemplación y apreciación.

Tal vez solo sea mi TOC expresándose una vez más, buscando como siempre maneras de mantenerse vigente y en el foco de mi atención. Tal vez solo sea locura mía.

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Image by OpenClipart-Vectors on Pixabay

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